lunes, 5 de agosto de 2013
Porque tu ya no me lees...
Me gustaría seguir escribiéndote. Poner letra tras letra y construir nuestra historia juntos; y que esa historia fuese de amor. Pero tu ya no me lees.
Has pasado página o mejor dicho has cambiado de historia, has cambiado hasta de libro. No se si te aburriste, si terminaste o simplemente nunca te importó el final de este cuento.
Lo que sí se, es lo que siento y cada letra que plasmo en tu muro, cincela en mi piel una herida; una herida que no sanará porque tu ya no me lees.
Cada palabra, crea un vacío que mata una a una las mariposas de mi estómago, dando paso al sin sentir, que no me emocionará porque tu ya no me lees.
Cada frase va obstruyendo mis venas, privando de amor a mi corazón y llevándolo al oscuro abismo de la soledad, que nunca más volverá a amar porque tu ya no me lees.
Esperarte....
No se que hacer. Se sigue enredando y enredando y en cada quiebro me es más difícil olvidarte y a la vez más fácil desesperarme.
Te necesito. Necesito más de la ínfima parte que me das y por el contrario con esa pequeña aportación me conformo.
Vivo en una contradicción constante, dónde mis ganas de tenerte y mi miedo a perderte hacen que me paralice, que me quede inmóvil en este laberinto de sentimientos en el que me encuentro, mientras tu vida sigue. Y yo, sigo sin estar contigo, igual que tu sigues sin estar aquí; pero no puedo hacer otra cosa que esperarte. Ni puedo, ni quiero hacer otra cosa.....
miércoles, 31 de julio de 2013
El color del miedo...
Como cada tarde al volver del trabajo, María va pensando en lo poco que le gusta caminar por las baldosas mojadas de la lluvia que se mezclan con el polvo del paso del tiempo. Intenta esquivar cada charco para no mancharse los zapatos del uniforme pero es difícil caminar con los tacones por la acera resbaladiza y aguantar el pataguas contra los azotes del viento.
Odia el mes de noviembre. No le gusta la sensación de soledad y desapego que le proporciona. Sabe que cuando llegue a casa por más que la salude con su " hola casa" no le responderá. Nadie contestará a su saludo. Lleva mal esta soledad impuesta. Igual que no soporta ese momento al llegar y echar la llave sabiendo que nadie más tiene que entrar y que todos lo que tenían que llegar, ya lo han hecho.
Siempre los mismo movimientos, la misma rutina. Se limpia los zapatos llenos de barro en el felpudo que compró en los chinos, sabe que tiene que cambiarlo, debería poner uno de un color más alegre y que la haga sonreír al entrar en casa, pero no le apetece. Su alma está herida y no hay cabida para la alegría en su corazón.
Autómata suelta el paraguas en la entrada, el bolso y se quita la chaqueta. El silbido del viento que entra por la rendija del cierre del balcón hace que sienta escalofríos. Aún no se ha acostumbrado a vivir en esa casa.
Cuando se acerca para cerrarlo se fija, como siempre, en las montañas que se elevan en el horizonte, apenas de distinguen sus siluetas. Se mezclan con el cielo que hoy, como todos los días de este maldito mes, se tornan con el color del miedo. Ese miedo irracional que siente al saberse sola.
Se pone nerviosa a esas horas. Ese espacio de tiempo, donde la ciudad da sus últimos coletazos antes de descansar, antes de que todo se vuelva oscuro, hace que piense más en él.
Antaño dedicaba su tiempo a prepara la cena, algún plato exquisito sacado de la revista que diariamente su compañera traía a la oficina; le gustaba cocinar, pero le gustaba hacerlo para él. Tenerlo todo dispuesto para cuando él llegara era su principal tarea cada tarde.
Ahora no sabe que hacer para ocupar las horas hasta que se va a dormir. Hasta que por fin, baje las persianas de su habitación y ese miedo, de paso a la oscuridad más profunda de la noche, donde se deja caer en los brazos de Morfeo y donde el miedo deja de invadir cada poro de su ceniza piel.
sábado, 20 de julio de 2013
Gurri
Quizás tenía razón. Quizás a estos sentimientos se les pueda llamar amor. Quizás siempre lo he sabido.
Sabía que esto podía pasar. Sabía donde me metía. Sabía que esto dolería.
Ahora no tengo derecho a nada. Ahora no puedo pedir explicación. Ahora sólo puedo esperar.
Esperar a que no te olvides de mi. Esperar a que todo pase. Esperar a que esto deje de doler.....
domingo, 10 de marzo de 2013
Pensando....
Desde hoy, me voy a preocupar por aquellas personas que se preocupan por mi. Que me tienen presente más allá de sus días aburridos, y de sus familias. Por los que cuentan conmigo para un café, una merienda, una caminata, un partido de fútbol o una partida de apalabrados. Que no hace falta conocernos de toda la vida para sentir aprecio por alguien.
A mi, esto de facebook me ha demostrado que hay muy buena gente por ahí y que muchas veces, conociendo sólo un nombre se es capaz de entablar una " amistad ". Hay gente por aquí a la que no conozco personalmente y que cada día me saca una sonrisa y por contrapartida "amigos" que conozco de mucho tiempo atrás a los que le soy indiferente.
Así que hoy domingo (día sobrevalorado), quiero agradecer esos "me gustas" en una publicación, esos comentarios en algunas fotos, esos saludos por el chat, esas partidillas de apalabrados (con conversaciones incluidas) , esos comentarios en el grupo, esas sonrisas al pasar por delante de la ofi, esos "hasta luego guapa"; esos "a ver si nos vemos", que al final quedan en nada pero por falta de tiempo y no por falta de ganas. Esos "te quieros" secretos y en la distancias. Esas conversaciones mañaneras por facetime, mientras se hacen las cosas de la casa ;) Esa amiga que a pesar de tener problemas más gordos y más reales que los tuyos , es capaz de dejarlo a un lado, para escucharte y regalarte siempre una sonrisa. En definitiva, esas muestras de cariño y aprecio, que no llegan sólo cuando estás aburrido y no tienes nada que hacer, sino cuando cuentas con esa persona porque te importa y porque quieres compartir un momento de tu día con ella.
Gracias!!! Bsos
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