En un día como hoy hace dieciocho años llegastes a nuestra vidas. Eras la primera y cada uno lo vivió a su manera, pero sobre todo como mucha ilusión.
Por mi parte, recuerdo las noches que me quedaba en tu casa, en la que sería tu habitación e imaginaba como serías y las cosas que haríamos juntas. Yo era un poco pequeña, pero soñaba con comprarte chucherías y gusanitos. ( Creo que al final no lo he hecho tanto como pensé, gracias a Dios, por otra parte). También me preocupaba los parasoles que compraría para el coche, que tendrían que ser de Disney, por supuesto. Es curioso, porque no tenía coche, ni carné y mucho menos edad para sacármelo.
Recuerdo la primera vez que te vi como si fuera ayer. Tan pequeñita, gordita y rosita. Eras como una nube de azúcar esponjosa expuesta en un escaparate.
Dormías ajena a todo en tu capazo y creo que no lloré primero porque por aquella época me hacía la mayor (catorce años) y las chicas mayores no lloraban, y segundo, porque aún no me creía que de verdad estuvieras allí y no me hubieses esperado como te pedí antes de irme al viaje de fin de curso.
Desde la barriga ya forjabas tu carácter y nadie te diría cuando nacer, así que decidistes que el vientre de mamá era demasiado pequeño para ti tres días antes de que yo llegara. Me acuerdo de que la Nani y el Abuelo me engañaron y sin dejar que me despidiera de mis compañeros, me dijeron en el aeropuerto que ya empujabas para salir y que teníamos que darnos prisa. Me puse muy muy nerviosa y a la vez muy contenta porque nos habíamos compenetrados, así que corrí al coche en busca de tu encuentro.
Llegamos a tu casa y con la excusa de preparar tus cosas, tu padre me metió en el dormitorio mientras tu madre interpretaba el papelón de su vida, haciendo que tenía dolores de parto. Al entrar en la habitación estaba todo en penumbra, en silencio. Tu padre insistía en que entrara pero mi cuerpo se quedó clavado al medio camino, las piernas no me respondían. Mi cabeza iba a mi porque no conseguía entender por qué ese capazo, por qué esa luz, por qué tanto silencio. ( Ahora hay más por qué, ¿por qué ir a la casa en vez de al hospital?, ¿ por qué esperar a que yo preparara la maleta? ¿por qué estaban mis primas, mis tíos y todo el mundo en la casa?, en fin, inocente que era una). Hasta que fui capaz de acercarme, gracias a un empujón de tu padre.
Desde ese momento, tomé consciencia de la personita que eras y desde ese mismo momento comencé a quererte.
En todo este tiempo, te he visto crecer y he compartido contigo muchos momentos, todos los posibles; ésta entrada sería interminable si me pusiera a relatarlos todos. Pero hay algunos que recuerdo perféctamente y con mucho cariño. Como por ejemplo tu primer cumpleaños, como hablabas y bailabas con tan solo un añito, toda llena de cicatrices por varicela.
Las primeras coletas que te hice...
La primera vez que me hablaste en sueños y querías darme algo que yo no acertaba a coger entre otras cosas porque no tenías nada "físico" que darme.
Las de horas que pasaba mirándote la carita mientras dormías y te chupabas el dedo...
Por supuesto, tu bautizo, donde nuestros lazos se unieron más aún y me convertí en tu Tía-Madrina. Todavía me acuerdo perfectamente de tu cara y tu vestido. Parecías una muñequita china de porcelana.
Cuando la diabetes, donde todos los pasamos tan mal. Recuerdo que estaba en casa con S y llamó tu padre. Cuando colgué no podía contar lo que pasaba porque no paraba de llorar. Pedí tantas veces cambiarme por ti y a la vez para que te pusieras bien, que aún hoy sigo cumpliendo promesas.
Las cosas que decías y hacías. Te acuerdas cuando te llevabas la leche y el azúcar de casa de la Nani porque decías que tu madre no tenía en tu casa...jajaja!!! Eras tan graciosa!!
Y poco a poco de niña, empezaste a convertirte en una pequeña mujer. Y ahora, con 18 años, las cosas de la vida, vivimos juntas, dormimos en la misma habitación y compartimos maquillaje, bolsos y bufandas. Obviamente la ropa, porque tu eres mu canija, no porque yo tenga unos kilitos de más, aunque si alguna camiseta que otra...;) !!
En fin, con todo esto y sin extenderme más, lo que quiero que decirte es que hoy, te quiero dieciocho mil millones de veces más que la primera vez que te vi. Que aun hoy, a veces te observo dormida, en la misma postura que aquella primera vez y me parece increíble como ha pasado el tiempo.
También quiero que sepas que nuestra relación es infinítamente mejor de como yo nunca me la imaginé, porque confías en mi, igual que yo confío en ti. Que tu también has contribuido en que yo esté hoy como estoy y sea como soy, después de este año tan difícil para mi.
Muchas gracias por todo y por comportarte como una adulta estando a mi lado.
Porque recibo tu cariño, por todo esto....Te quiero pekeña nube de azúcar!

1 comentario:
Llorando.....gracias...
VIVA PIESITOOOOOOO!!!!!!
Publicar un comentario