martes, 23 de agosto de 2011

Mirar atrás...

Hoy después de doce años trabajando en el mismo lugar y para la misma empresa, me pregunto por qué siento ese desazón al seguir aquí.
Cualquier persona a la que le digas que llevas tantos años trabajando en la misma compañía te dirá que eso es extraordinario, señal de constancia y saber estar; o por lo menos eso es lo que se pensaba antaño. Ahora también se podría decir que eres poco ambiciosa y pasiva....
Aún así, yo tengo la sensación de que me he quedado esperando en el andén.
Muchos compañeros han ido y venido. Pero ahora me paro y pienso que no queda nada de lo que me enganchó a este trabajo. Ni el jefe, ni mis circunstancias, ni mis compañeros, ni si quiera el trabajo en sí, simplemente me he ido acoplando a lo que tocaba, conforme han ido cambiando las cosas. Nunca me ha importado hacer cosas nuevas y siempre ha quedado un compañero con el que contar. Quizás es una actitud muy mía, el acoplarme a todo, el querer ser camaleónica y por no desentonar adaptarme a lo que sea que haya que hacerlo. He cambiado el tachar nombres de pasajeros en una lista, por cobrar excesos de equipaje para finalmente estar empotrada en una oficina vendiendo billetes con conocimientos de algún que otro sistema (a groso modo) y dónde la única vez que me siento más realizada es saliendo una vez a la semana a unos mostradores que durante cuatro horas me hacen sentir útil y saborear matices del pasado. El resto del tiempo me siento vacía, conformada, como un ornamento más de este nuevo terminal, donde ya nadie conoce a nadie y donde el único calor que se recibe es el de la  calefacción o el del sol que te ciega entrando por los ventanales.
Me siento cobarde, conformista, tónica general en mi. Pero ahora, la sensación se vuelve poderosa cuando echo la vista atrás y veo como uno a uno, por unas circunstancias u otras, todos mi compañeros se han ido subiendo a cada uno de los trenes que han  pasado por aquí y han ido buscando y encontrando vida fuera del aeropuerto. Antes o después van colocándose en uno de esos asientos que trae cada tren.
Y yo aquí, en este momento, sola, sentada en este banco donde sólo escucho levemente la megafonía me pregunto por qué. ¿ Qué ha marcado la diferencia ?. No pienso ni por un segundo que sea mejor que los demás, así que sólo me cabe pensar que ha sido esa actitud de pasotismo mientras todo va bien y el miedo.
Miedo a lo desconocido, a no dar la talla. A no saber, a enfrentarme a lo nuevo. A descolocarme, a no estar preparada. A que me digan que no. Sí, básicamente es el miedo aterrador a que me digan que no valgo.

miércoles, 17 de agosto de 2011

En un bucle...

Cada noche la misma historia. Mismos personajes, misma trama, mismo desenlace.
Me estremezco al acostarme sabiendo que acabaré empapada en sudor y gritando tu nombre. Gritando con voz desgarrada y aferrándome a la única posibilidad que tengo de volver a traerte: despertarme.
Hace meses que no te veo, que no te toco, que no te siento y sin embargo mi piel se sigue erizando cada vez que te recuerda. Siento que es un caso perdido, una guerra inútil contra mi misma el intentar olvidarte. Lo intento, juro por Dios que lo intento cada mañana al despertarme. Es mi primer propósito del día y el último de la noche. Durante el día lo voy toreando como un niño con su primer novillo. Es más fácil tenerlo alejado de mi mente. Ahora, no lucho tanto, es mucho más fluido.
Pero poco a poco el sol se va poniendo y la noche se hace dueña de la vida y sin más dilación me dejo vencer por Morfeo que me atrapa entre sus brazos para llevarme allí donde mi consciente no me deja.
 El único sitio donde deseo estar por siempre jamás, el único lugar donde descanso y mi corazón herido se siente tranquilo y feliz.....a  tu lado.
Aún así, dura poco. Y ahora después de meses en este bucle turbador, se que me va llevando por el mismo sendero todos las noches y aunque cada vez intento engañarlo, es imposible,  porque con la llegada del alba me vuelvo a despertar con el sudor que me provoca ver como mueres entre mis brazos.

sábado, 6 de agosto de 2011

Una reflexión

Después de un tiempo de sequía....una reflexión.
Hay cosas que no entiendo de las personas "humanas". Nos ponemos muy bien puestos cuando nos enfadamos con un amigo/a. Les "echamos" la cruz, hablamos de ellos todo lo peor y más; juramos y perjuramos que la relación se ha acabado e incluso a veces llega a ser verdad. Pero eso si, del facebook no los borramos.
Y me pregunto, ¿ para qué ? , ¿ qué es lo que pretendemos ?
Quizás lo único que buscamos es llamar la atención de esa persona en cuestión porque nos importa más de lo que pensamos o de lo que queremos hacer ver a los demás.
Pues bien señores, a mi esto me parece lamentable. Teniendo en cuenta que ya manejamos unas edades, lo lógico sería no darnos tantos golpes de pecho y ser consecuentes con nuestras palabras y nuestros actos.
Decidir si queremos arreglar la situación porque esa persona merece la pena y en ese caso, pedimos perdón, perdonamos y para adelante como los de Alicante; o por el contrario, cortamos por lo sano y dejamos que se quede en el camino de nuestra vida, para recordar en el futuro. Ahora eso si, nada de  facebook, tuenti o cualquier red social, donde poder dejar una foto (de lo bien que me va sin ti) una canción o un  comentario con indirecta directa...
Nos metemos todos y nos salimos los que podamos.