Cada noche la misma historia. Mismos personajes, misma trama, mismo desenlace.
Me estremezco al acostarme sabiendo que acabaré empapada en sudor y gritando tu nombre. Gritando con voz desgarrada y aferrándome a la única posibilidad que tengo de volver a traerte: despertarme.
Hace meses que no te veo, que no te toco, que no te siento y sin embargo mi piel se sigue erizando cada vez que te recuerda. Siento que es un caso perdido, una guerra inútil contra mi misma el intentar olvidarte. Lo intento, juro por Dios que lo intento cada mañana al despertarme. Es mi primer propósito del día y el último de la noche. Durante el día lo voy toreando como un niño con su primer novillo. Es más fácil tenerlo alejado de mi mente. Ahora, no lucho tanto, es mucho más fluido.
Pero poco a poco el sol se va poniendo y la noche se hace dueña de la vida y sin más dilación me dejo vencer por Morfeo que me atrapa entre sus brazos para llevarme allí donde mi consciente no me deja.
El único sitio donde deseo estar por siempre jamás, el único lugar donde descanso y mi corazón herido se siente tranquilo y feliz.....a tu lado.
Aún así, dura poco. Y ahora después de meses en este bucle turbador, se que me va llevando por el mismo sendero todos las noches y aunque cada vez intento engañarlo, es imposible, porque con la llegada del alba me vuelvo a despertar con el sudor que me provoca ver como mueres entre mis brazos.

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