viernes, 20 de enero de 2012

Anillos....

Este año Sus Majestades lo Reyes Magos de Oriente, entre  otras muchas cositas, me han traído  un anillo de Pandora, de esos que se combinan ente si, como estos
Resulta, como era de esperar, que me quedaba un  poco pequeño,  y aunque con un poco de temor porque siempre tengo problemas con las tallas de los anillos, no me preocupe en exceso al pensar que sería fácil descambiarlo pro uno más grande ya que lo habían comprado en El Corte Inglés y que una empresa como Pandora, tendrían tallas para todos los deditos de este mundo.

El liso con la Cornalina  (piedra naranja, este), lo cambié por uno exactamente igual pero con un Ónix ( piedra negra este) Ya la dependienta me avisó de que mi talla era la 18 y que era la última que se fabricaba. Del otro modelo, el que tiene como unos surquito( tal que así) no le quedaban en esos momentos ni tampoco otro parecido por el tema de los Reyes. Comprensible. Me dijo que entrarían pronto y que si no me lo podía pedir.
Yo con mi sabida poca paciencia le dije que no se preocupara que intentaría cambiarlo en el otro CI. Hasta este momento todo aceptable.
El tema se empieza a poner calentito cuando al llegar al stand de Pandora y decirle a la chica que allí atendía que iba para cambiar el anillo por una talla más grande, y le especifiqué que era la 18, ella insistía en que le dejara el anillo que levaba puesto ( el que había cambiado) para medir la talla.
Vamos a ver alma de cántaro, ya te digo yo que es la dieciocho no hace falta ni mirar, ni comprobar nada más. Pero por no decirle eso y quedar como una borde, me quito el anillo y se lo doy. Lo mete en el cono ese y con cara de pocos amigos y odiándome como si le fuese a quitar su preciado trabajo por saber mi talla me dice: - Sí, la dieciocho. 
Pues claro que sí desgraciá hija mía, si ya te lo había dicho...
En este punto quiero hacer un inciso que se me acaba de pasar por la cabeza. A lo mejor, es que la tipa pensó que era un número muy pequeño para "mi cuerpo". No sé, la cuestión es que no entendía su postura pero me callé como una perra.
Desde ese momento todo lo que salía de su boca no eran más que escusas. Que si de esta talla no hay muchos modelos, que encima con los reyes cree que no le ha quedado nada de lo poco que había, etc...finalmente me saca una bandeja con cuatro anillos ( de los cuales uno era el que cambié y otro por el que lo había cambiado ) y me ofreció que me llevara otra cosa. - ¿ Una pieza para la pulsera, quizás?
NO, no y no, me negué. Ya no aguantaba más. Con cara y voz de pocos amigos le dije que no, que quería otro anillo.
Lo que aun sigo sin comprender es por qué la otra chavala hasta se ofreció en pedirme uno y esta pedorra se queda callada como diciendo esto es lo que hay.
Le pregunté si me lo podía pedir. Si no ese  modelo, otro que se le pareciera para poder combinarlo aunque tuviera que pagar algo por la diferencia de modelo. Me contestó que iba a tardar muchísimo.
Otra vez, ¡ alma de cántaro!,  quien espera lo mucho, espera lo poco. Yo lo que quiero es un anillo que era mi regalo. No quiero otra cosa y para quedarme con este pequeño, espero y me traes uno de mi talla.
Entonces parece que se le encendió la bombilla y como vió que no me iba a convencer, cambió la táctica y me dijo que tomaba nota. Que me llamaría cuando supiera algo y añadió que hay modelos que se pueden  agrandar, que preguntaría también la posibilidad de hacerlo. 
Con el correspondiente cabreo y  esa esperanza marché a la espera de su llamada.
A raíz de este pequeño " artercado " me planteé muchas cosas con respecto a las medidas-tallas de todo lo punible y quise hacer una reflexión del tema. Pero para ello quería poneros un poco en antecedentes y ya este post se ha alargado más de lo  esperado, así que queda pendiente para la próxima.
P.d.: Aún sigo esperando...








miércoles, 18 de enero de 2012

Propósito de Año Nuevo....

Como  " El Colgado " me siento en estos momentos. 
En una situación que yo misma he provocado y donde de momento me limito a estar suspendida, sin hacer nada, pasiva  y por lo tanto sin generar cosas nuevas.
Me balanceo continuamente entre diferentes estados de ánimos según va soplando el viento, importándome más lo que los demás piensan o sienten hacia mí, que lo verdaderamente importante, la forma en la que yo me veo y  acepto. Ante esta situación de supuesto estancamiento, dónde al parecer la inmovilidad y la espera es la única solución, sólo tengo que ser consciente de que la única que controla esta situación soy yo y que si dejo ir, si me rindo, gano. 
Gano la sabiduría y la experiencia. Pasa la confusión y la tristeza. Supero mis miedos y veo boca abajo; desde otro punto de vista, con otros ojos y otra percepción. Con la experiencia del que lo ha vivido y ha pasado por ello. Como el padre de familia que pierde su trabajo y no entiende como el que sí lo tiene se queja y maldice cada día que se levanta para ir a currar.
Tal que así, soy capaz de apreciar situaciones habiendo estado en las dos posturas y comprender  la importancia de ciertas cosas a las que mis amigos no son capaces de llegar. Aun a riesgo de que me acusen de  echar cosas a la cara, simplemente por recordarles lo afortunados que son con lo que poseen y que no son capaces de apreciar.
Es quizás por eso que más que nunca me identifico con este arquetipo y tomando consciencia de ello y aceptando que no comparto el mismo punto de vista que muchos de los que me rodean, he tomado la decisión de hacer cosas que sean beneficiosas para mi, intentar no dejarme influir por nada ni por nadie, dejar de verme como una mártir, buscar mi verdad y no dejar que ni mis familiares ni mis amigos me digan lo que tengo que hacer, pensar, decir o actuar.
Este es mi propósito de año nuevo

domingo, 15 de enero de 2012

Patinar....

Tengo la firme intención de regresar  a mi infancia y volver a montarme en unos patines.
Hace cuestión de 15 años que dejé aparcado mis botines blancos con ruedas rojas porque dejaron de interesarme o más bien porque estaba interesada en  otras cosas... La cuestión es que llevo tiempo queriendo volver a patinar, pero claro, la necesidad enfermiza de equiparme hasta con el más mínimo e innecesario complemento cada vez que decido hacer algo, me impedía comprar unos patines tradicionales, a sabiendas que los que todo el mundo lleva son los de linea, los cuales me producen la mayor de las inseguridades.
Llevo meses debatiéndome entre mis ganas de patinar, el miedo de los patines en linea y la certeza de que con 16 años me defendía bastante bien.
Después de varias charlas con sendas personas sobre el tema en cuestión, llegué a la conclusión que como decía mi madre "quien tuvo, retuvo" y que "quien no arriesga no gana";  y yo no tengo nada que perder a excepción de "mi cuerpecito serrano". Así que ni corta ni perezosa me fui con  mi querido amigo A y con M al Decathlon y me volví loca.
Le eché cojones al asunto y me compré unos Filas que están geniales (vamos los que me dijo A) y una  mochililla para guardarlos.
Ahora estoy a la espera de que lleguen las protecciones para poder ir con un poco más de tranquilidad a partirme la "crisma". De momento hago mis pinitos en la cocina y lo que no me faltan son ganas e ilusión. Cuento con algunas que otras caídas y confío que no sean nefastas para mi nuevo propósito de volver  a patinar medio en condiciones. Y por supuesto espero y deseo que al final, mis flamantes patines Fila no pasen más tiempo en la bolsa que en mis pies.


sábado, 14 de enero de 2012

Infinita felicidad....

 Hay momentos en la vida en los que es mejor retirarse a tiempo.
Al final, tanto esfuerzo, tanto orgullo tragado, no ha servido para nada.
Duele; mentiría si dijera que no me duele, pero es una situación que ni depende de mi, ni está en mis manos. Sólo me queda el dulce sabor de boca  del saber que  no ha sido por mi. Que no ha sido por no luchar y tirar la toalla. Que mi inestable fuerza de voluntad no pudieron con el cariño. Lo que me demuestra una vez más, que mi mundo se rige por sentimientos. Que son el motor de mi vida y que sin ellos la vida me habría ido mucho mejor. O no.

Esta situación aburre al más pintao, y si desde luego he aprendido algo en todo este tiempo, es a no aguantar nada de nadie que no me haga bien o que simplemente no aporte nada a mi vida. Y aunque soy consciente de que muchas de estas palabras me las habéis escuchado en varias ocasiones, os puedo decir con toda seguridad, que se acabó.
Y se acabó por una sencilla razón, porque he aprendido a diferenciar entre el cariño del pasado y la ausencia de mi presente.
Tan verdad es que me duele que no haya significado nada o que no signifique lo suficiente, como que no me duele el que no esté es mi vida y sea una desconocida. Siento que no hayas sido consciente de lo que has tenido y espero que lo que tienes, te merezca la pena.
Así que aquí quedará esto, en otra entrada más. Unas palabras que han dejado de ser tristes y pasan a ser reflexivas. Amargas pero con un cierto dulzor. La melaza de saber que sin ti todo va mejor y que mi felicidad es infinita.